“Relatos de experiencia de académicas y académicos de las facultades de Ciencias Exactas y Ciencias de la Vida UNAB”, es una iniciativa impulsada por el concurso “Proyectos de investigación con perspectiva de género de la Universidad Andrés Bello 2022”. El proyecto contempló la realización de un taller online orientado a docentes e investigadoras/es de las facultades de Ciencias de la Vida y Ciencias Exactas de la Universidad Andrés Bello, que estuvieran interesadas/os en investigar a través de la producción de textos autobiográficos, en experiencias de género determinantes o problemáticas de su vida profesional.
La invitación al taller fue extendida vía correo institucional a académicas y académicos de ambas facultades. Luego, se realizó una primera sesión con quienes manifestaron su interés en participar, en la cual se les presentó los objetivos del taller y la metodología de trabajo. Si bien al inicio del taller contamos con 10 inscritos, hombres y mujeres, cuando comenzamos el trabajo de escritura solo continuaron 5 investigadoras pertenecientes a la Facultad de Ciencias Exactas, 1 al Departamento de Matemáticas y 4 al Departamento de Ciencias Químicas. Las investigadoras se desempeñan en las sedes República (2), Viña del Mar (1) y Concepción (2).
Nos guiamos por el dispositivo de escritura, formación e investigación denominado Documentación narrativa de experiencias pedagógicas (DNEP). En él se utiliza una consigna que sirve de invitación para crear un texto en primera persona. Las consignas ofrecidas fueron: Me sentí hombre en la UNAB cuando; Me sentí mujer en la UNAB cuando. A pesar de que las docentes pudieron haber elegido la primera y narrar una experiencia de masculinización (algo muy posible en el mundo de la academia y de la ciencia), todas eligieron la segunda. Con ella se abrió una puerta común al pasado, lejano y reciente, para ver situaciones de discriminación, violencia y abuso. Escribimos el texto fuera del taller, lo leímos en voz alta frente a las compañeras, recibimos comentarios y preguntas y luego lo volvimos a escribir para dar respuesta a esas preguntas a través de la escritura. Trabajamos versiones de cada relato como si fueran capas que iban aclarando datos, pero sobre todo profundizando en el sentido pedagógico y vital del evento narrado. Así llegamos a textos claros, densos en significados, sensibles, llenos de vida y problemas, tal como la docencia. Las profesoras se convirtieron en autoras, voces capaces de contar y cuestionar las reglas del mundo que habitan.
El taller fue tomando vida propia, desbordando los límites metodológicos y disciplinares desde los que nos posicionamos al inicio del proyecto. Quisimos escuchar las necesidades de las docentes y las de nosotras como coordinadoras del espacio. En función de eso tomamos dos determinaciones: la primera, las convidamos a un ejercicio que viene de la poesía. El “blackout” o “erasure poetry” propone borrar o tachar palabras de un escrito para dejar segmentos ocultos y llegar a versiones más sintéticas de un escrito. En el taller usamos el blackout para tachar todo aquello que las autoras no querían que fuera publicado. Palpamos la libertad de la escritura, pero también los límites y miedos que se ciernen sobre el pensamiento crítico y la experiencia biográfica cuando se torna pública. Así, comprometidas con los autoras, los relatos muestran algunos fragmentos tachados que protegen sus identidades y detalles que las puedan exponer. La segunda decisión fue invitar a las docentes-autoras para escribir un metatexto, con el fin de analizar algunos aspectos del proceso escritural desarrollado en el taller, y de responder colectivamente a una pregunta ¿es este tipo de escritura en comunidades profesionales una forma de producir conocimiento?
Las implicaciones de estas decisiones las puedes revisar en reflexiones, donde reuniremos nuestros artículos y ponencias sobre este proyecto.
La escritura de los relatos de experiencia no solo nos sirvió como un medio para comunicar o un registro que luego sirve a otras y otros investigadores. Encontramos en la creación textual biográfica y profesional, una estrategia para observar nuestro trabajo y el desarrollo de nuestra subjetividad. Los textos leídos y comentados colectivamente fueron depurando el significado de las experiencias narradas, revelando la huella que cada vivencia dejó en nuestra trayectoria. Pero además, el ejercicio de escribir y reescribir, nos entregó herramientas para acercarnos con cautela a lo vivido, amparadas en el poder de la autoría, en el cobijo de la comunidad y la reflexividad del diálogo interno y colaborativo que propicia la escritura en un taller. Así la experiencia narrada adquirió otro sentido, le hicimos un lugar en nuestra formación y la convertimos en aprendizaje. Escribir juntas fue una forma de crear y resistir en un mundo que todavía es hostil con las mujeres y que, en el caso de las científicas, no hace un lugar a la problematización de la diferencia sexual ni a la sensibilidad del oficio. El taller nos conectó con esas dimensiones negadas. Explorarlas fue un descubrimiento y una forma de emancipación.