Al principio fue difícil responder a la pregunta, pues me cuestioné qué hace que uno sea hombre/mujer, y sobre todo en el ámbito o experiencias laborales, pues mis clases no creo que sean distintas si soy hombre o mujer, más bien va en cómo soy como persona, en mi desempeño y características personales. Por lo mismo tal vez, me costó mucho encontrar una experiencia personal vivida donde al final pensé qué consecuencias trae ser mujer en este mundo laboral. Cuando recordé la situación de mi colega fue más fácil poder relatarlo, pues vi la situación desde afuera, al conversar con otras/os colegas que habían sentido o pasado por las mismas experiencias y darme cuenta de que no se ha hecho nada por modificar el tipo de conductas en el aula hacia docentes mujeres, me hizo cuestionar en qué otros ámbitos me había sentido disminuida o incómoda por algún comentario de otra persona.
Durante el taller, me di cuenta de una situación similar a la de mi colega que tuve que pasar con un colega de pasillo. Pienso que tal vez si no hubiera observado ni analizado la experiencia de mi colega en este taller no me hubiera dado cuenta de la situación que pasé. Me sirvió mucho antes haber visto la situación de otro para darme cuenta que no solo en clase pueden existir estas situaciones. Y creo que en el futuro tendré más presente este tipo de situaciones cuando me pase. También me siento más preparada para enfrentar este contexto en el futuro gracias a los comentarios de mi experiencia pasada.
Escribir el tema en vez de conversarlo me ayudó a reflexionar más profundamente, a buscar las palabras adecuadas, intentar que se entendieran mejor las sensaciones o emociones vividas. No fue fácil escribir de mis emociones o reflexiones, pues sabía que posteriormente debía leerlas y las iban a escuchar todas/os, pero después sentía alivio de haberlas anotado en el texto, pues es importante que conocieran cada detalle de la situación vivida para tener una mayor comprensión del tema. Además, que los comentarios apoyaban, aumentaban el valor de lo que había sentido.
Al escribir en primera persona mi vivencia me hizo recordar y revivir la experiencia, explicando cada detalle y tratando de que no se me escapara ninguno. Sentí nuevamente la rabia e impotencia de la experiencia, pero también orgullo de mi respuesta a la situación. Recordar la situación no me generó daño, al contrario, escribir sobre ella y reflexionar personalmente y en las sesiones, me ayudó a concientizarme más de lo ocurrido y a estar más alerta cuando ocurran situaciones similares en el futuro.
Es importante conversar este tipo de situaciones, conocer a otras personas que han vivido lo mismo, conocer distintas experiencias vividas por otras mujeres que la verdad me impactaron demasiado. Agradezco mucho la instancia de este taller, pues está enfocado en conocerse como persona y relatar, compartir experiencias que nos ayudan a cooperar, concientizar, y prepararnos por si en el futuro debemos afrontar algo similar, a estar más atentas al comportamiento de mi entorno y a no normalizar situaciones vividas.
Los comentarios durante las sesiones aportaban a una reflexión más detallada de los sentimientos o emociones vividas que, por alguna razón, en la versión inicial no relatamos, estaban escondidas y gracias a los comentarios de las demás pudimos plasmar la emoción, desahogarse en el relato. Es una experiencia bastante sanadora interiormente.
En mi relato inicial me enfoqué en la experiencia de una colega, incluso le pregunté a otros colegas, todo desde los demás, no como experiencia personal. Me costó mucho pensar y recordar una situación en la que me haya sentido hombre o mujer, tal vez por la misma dificultad que tuve al responder a la consigna, pues no veía la diferencia en mi ámbito laboral por ser hombre o mujer. Relatar la experiencia de mi colega me ayudó a concientizar una situación similar que tuve con un colega mientras se desarrollaba este taller y pude relatarla en mi escrito. También me ayudó que Belén me sugiriera no centrarme en otros, sino en mí.