Mi proceso de escritura ha estado marcado por la escucha de los relatos de mis compañeras. Este intercambio de experiencias me hace sentirlas a todas como parte de un círculo de confianza, aunque ni siquiera nos hayamos visto en persona. En este sentido, veo la escritura del relato como un proceso colectivo, guiado no solo por la vivencia y el relato propio de cada autora, sino que conducido por la empatía, atención y solidaridad de quienes escucharon atentamente cada historia y las hicieron (hicimos) propias.
Destaco de este proceso de escritura la selección de palabras, cuidadosamente elegidas para construir un relato claro y eficaz, ayudado por las preguntas de la audiencia en cada sesión. Creo que la precisión en el lenguaje no solo fue importante para generar textos potentes en lo retórico, sino también para identificar sentimientos y emociones que no había podido expresar con claridad previamente.
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