He trabajado en muchos lugares haciendo docencia e investigación. En todos estos lugares nunca mi cuerpo fue un problema. Los desafíos consistían en resolver problemas ʺcerebralmente”, y el cerebro no tiene genitales . En este sentido y durante mis reflexiones diarias acerca de las relaciones interpersonales en este ambiente , sobre todo en el de investigación , me parecían más bien apáticos e insensibles, incluso asexuados y esto último me parecía bien así, me era cómodo , porque en lo personal nunca me sentí cómoda expresando mi femineidad. Me había incorporado a este lugar hacía un par de meses, y un día conocí al nuevo director de docencia. Quedé helada. Entró en mi oficina con mucha energía, raudo, veloz, sin mascarilla, y sin preguntar si tenía tiempo para conversar; me extendió la mano , yo se la tomé con desconfianza, con miedo a no quedar mal con el jefe; cuando me daba la mano fuertemente se me vino encima a darme un beso en la cara…. me quedé helada, sentí que entró en mi espacio de intimidad , me hizo sentir desagradablemente mujer. Y provocó una ola de sensaciones y recuerdos desagradables instantáneos. Se sentó sin pedir permiso , con las piernas abiertas y sacando pecho . Sentí que dominaba la situación y me forzaba a aceptar su presencia y lo que quería decirme, involucrarme en todas las actividades de docencia e investigación posibles. Me sentí un poco acorralada , intimidada , por suerte me protegía el escritorio que estaba en medio de ambos y la mascarilla kn95 que yo llevaba. De pronto lo llamaron y me dijo que era una de las madres de sus hijos, riéndose entre pícara y descaradamente .En ese instante apareció un colega y se fue con él, por suerte despidiéndose de mí desde lejos.
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