Diez años atrás, Mientras trabajaba en otra institución, necesitaba me entrevisté con mi jefe directo para estaba postulando a un proyecto y necesitaba gestionar una carta de apoyo firmada por mi jefe para el patrocinio para postular a un proyecto universidad. Para ello, mi jefe directo el decano (una persona egocéntrica y narcisista, con mucha necesidad de admiración y validación; nunca fue de mi agrado) debía firmar una carta con su visto bueno entregarme una carta firmada y timbrada, para luego ser presentada en la Dirección de Investigación.
Me di media vuelta y me fui. (de paso me di cuenta de que la secretaria había escuchado todo y corrió al auxilio del decano mirándome con desconfianza). Salí del edificio y lloré de rabia. Lloré todo el trayecto hasta llegar al estacionamiento. Lloré camino a buscar a mi hija a la sala cuna. Lloré camino a casa. Al pasar unos días, decidí hacer pública la situación que había vivido con el “lanzamiento de la carpeta” en una reunión con el director de departamento y otros colegas. Solo una persona En dicha reunión el director fue receptivo, pero se notaba que tenía miedo y me pidió pruebas. Otra colega (profesora titular en ese momento) salió en mi defensa diciendo que ella daba fe de que yo decía la verdad, porque el mismo jefe ya que el decano la había citado para confesar su falta ante ella. falta. pecado” (el decano era además un católico ferviente) y básicamente le había dicho exactamente lo mismo que yo. Acto seguido, Los demás presentes en la reunión buscaron excusas para justificar al decano en base a su justificar la situación con el proceder con la denuncia, llegando a la conclusión de que el decano había dado muestras de arrepentimiento del jefe al hacer su confesión y que ello lo exculpaba. De más está decir que el jefe nunca me pidió disculpas a mí, y que nunca más pudo mirarme a la cara.
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